El debate sobre la equidad laboral en Colombia suele concentrarse en los salarios y las tasas de desempleo. Sin embargo, la verdadera desigualdad comienza mucho antes de marcar tarjeta en la oficina y continúa mucho después de salir de ella. Los resultados más recientes de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT), realizada por el DANE para el periodo entre septiembre de 2024 y agosto de 2025, ponen cifras a una realidad invisible: las mujeres en el país enfrentan una extenuante jornada global que roza las 14 horas diarias.
Al sumar las actividades remuneradas y las labores domésticas o de cuidado, las mujeres destinan en promedio 13 horas y 47 minutos al día a trabajar. En contraste, la jornada global de los hombres promedia 11 horas. Esta diferencia se traduce en que ellas asumen una carga diaria de 2 horas y 47 minutos adicionales; es decir, 167 minutos más de esfuerzo cada día que restan a su descanso, desarrollo profesional o proyectos personales.
La doble jornada: Menos empleo pago, más trabajo doméstico
La marcada brecha de género en el trabajo en Colombia se hace evidente al desglosar en qué se invierte el tiempo. El mercado laboral formal sigue mostrando barreras de acceso para la población femenina. Mientras los hombres dedican en promedio 9 horas y 8 minutos diarios a actividades que generan ingresos, las mujeres promedian 7 horas y 33 minutos.
Sin embargo, el panorama se invierte drásticamente al cruzar la puerta de la casa:
Participación en el hogar: El 89,8% de las mujeres realiza labores domésticas y de cuidado no remuneradas, frente al 65,2% de los hombres.
Distribución del tiempo: Ellas destinan 7 horas y 34 minutos diarios a estas tareas del hogar, lo que representa más del doble del tiempo que invierten los hombres (3 horas y 13 minutos).
El núcleo de esta sobrecarga se concentra en tres actividades esenciales: el suministro de alimentos (donde la participación femenina es del 78,1% frente al 32,8% de los hombres), la limpieza de la vivienda (70,4% vs. 40,6%) y el cuidado de la ropa (37,3% vs. 10,5%).
Un pilar económico que nadie paga
Este esfuerzo doméstico no es un asunto menor para las finanzas del país. Cecilia López, economista, exministra de Agricultura y una de las principales voces en la defensa de la economía del cuidado, recordó que, según la Cuenta Satélite del DANE, el trabajo no remunerado del hogar representa entre el 19% y el 20% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional.
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«Esto equivale a una participación superior a la de sectores como la agricultura o la industria. Las mujeres hoy están más educadas, controlan su fecundidad y tienen derecho a participar plenamente en el mercado laboral. Lo que no es justo es que sigan asumiendo casi en exclusiva las tareas de cuidado», enfatizó López.
Para la exministra, la solución estructural requiere de políticas públicas que trasladen el cuidado fuera del hogar a través de la ampliación de coberturas en educación inicial, jornadas escolares completas y centros de atención especializados para adultos mayores o personas con discapacidad. Asimismo, señala la necesidad de dinamizar la oferta privada de servicios de cuidado para familias con capacidad de pago, focalizando los recursos del Estado en la población más vulnerable.
El mercado laboral al revés y el «castigo» de la maternidad
Por su parte, Ana Fernanda Maiguashca, presidenta del Consejo Privado de Competitividad (CPC), plantea un cambio de paradigma en el entorno corporativo. Según Maiguashca, es el mercado laboral el que debe adaptarse a las necesidades de las mujeres —quienes sostienen la base económica del país— y no al contrario.
La líder gremial advirtió que la maternidad se ha convertido en un factor de vulnerabilidad financiera. Datos del CPC revelan que el riesgo de caer en la informalidad laboral aumenta con cada hijo: una mujer sin hijos tiene una probabilidad de informalidad del 51,5%, pero la cifra se dispara al 57,7% si tiene dos hijos. Esto coincide con análisis del Observatorio Laboral de la Universidad Javeriana, que advierten cómo el entorno laboral formal tiende a penalizar a las mujeres jefas de hogar.
Pobreza de tiempo: El impacto en la salud mental
La consecuencia directa de esta disparidad es la denominada «pobreza de tiempo», una percepción de asfixia cotidiana donde las horas del día resultan insuficientes. El informe del DANE confirma que el 14,1% de las mujeres en Colombia siente que el tiempo no le alcanza para cumplir con sus obligaciones, un indicador que en Bogotá asciende al 16,1%.
El factor de equidad también pesa en la mente de los colombianos: el 11,5% de las mujeres afirma que realiza más tareas de las que le corresponden (con Bogotá y la Orinoquía liderando esta percepción). En la otra acera, el 12,8% de los hombres reconoce abiertamente que aporta menos de lo debido en las labores del hogar, una autocrítica que se acentúa en las regiones Pacífica, Caribe y la capital del país.
El drama de las madres cabeza de hogar
El eslabón más frágil de esta cadena lo ocupan las cerca de 4,7 millones de madres cabeza de familia en Colombia, de quienes dependen unos 12,7 millones de personas. El Consejo Privado de Competitividad estima que el 43,3% de estas mujeres se percibe a sí misma como pobre, mientras que el 37,7% se encuentra bajo la línea de pobreza monetaria. Reducir la brecha de género en el trabajo en Colombia no es solo una deuda de equidad, sino una urgencia económica para mitigar la pobreza estructural del país.

