El terror que mantuvo en vilo a Nueva York durante más de una década ha llegado a su cierre judicial. En una audiencia cargada de dolor, rabia y un profundo alivio, el arquitecto Rex Heuermann recibió la pena máxima en un tribunal de Riverhead, Long Island. El hombre de 62 años, quien detrás de una fachada de ciudadano ejemplar ocultaba la identidad del despiadado asesino en serie de la playa Gilgo, pasará el resto de sus días tras las rejas.
El veredicto fue contundente: el juez Timothy Mazzei le dictó tres cadenas perpetuas consecutivas por cargos de asesinato en primer grado, sumadas a una pena adicional de entre 25 años y otra cadena perpetua por cuatro cargos de homicidio en segundo grado. Al finalizar la lectura, el togado sentenció la sesión con una frase que desató los vítores en la sala: «Eres un hombrecito repugnante y despreciable… Llévenselo de aquí».
Una confesión tardía y el desgarrador testimonio de las familias
El camino hacia la justicia fue tortuoso. Tras declararse inocente en las primeras etapas del proceso, Heuermann finalmente dio su brazo a torcer el pasado mes de abril, cuando admitió haber estrangulado, atado y esparcido los restos de ocho mujeres en las costas de Long Island entre 1993 y 2010. Las víctimas fueron identificadas como Melissa Barthelemy, Megan Waterman, Amber Costello, Maureen Brainard-Barnes, Jessica Taylor, Valerie Mack, Sandra Costilla y Karen Vergata.
Durante la jornada de sentencias, los testimonios de los sobrevivientes conmovieron a los asistentes. Amanda Barthelemy, hermana de Melissa, increpó directamente al asesino recordándole las llamadas de burla y sadismo que él mismo le hizo a la familia tras el crimen, cuando ella apenas tenía 15 años. «Resérvame un sitio en el infierno, porque allí te veré», le espetó con firmeza.
También le puede interesar: Detención de Beto Coral: Petro advierte que tomará “decisiones” contra el senador Bernie Moreno por su reacción
Por su parte, las hijas de las víctimas, quienes eran apenas unas niñas de 4 y 7 años cuando sus madres desaparecieron, alzaron la voz para dignificarlas. Muchas de las mujeres asesinadas ejercían el trabajo sexual y eran contactadas a través de anuncios clasificados en internet, una condición que, según denunciaron los familiares, provocó que sus nombres fueran inicialmente difamados y que las investigaciones no avanzaran con la rapidez necesaria.
La pista que la policía ignoró por más de diez años
La detención de Heuermann en 2023 en su residencia de Massapequa Park se logró gracias al rastreo de ADN hallado en una caja de pizza abandonada en Manhattan. Sin embargo, la resolución del caso destapó serios cuestionamientos hacia el Departamento de Policía del condado de Suffolk.
La pieza clave para resolver el misterio estuvo guardada en los archivos policiales desde 2010. En ese entonces, una testigo describió al sospechoso como un hombre corpulento que parecía «un ogro» y que conducía un vehículo muy poco común: un Chevrolet Avalanche de primera generación. Pese a tener este dato, los antiguos mandos policiales excluyeron a los detectives federales y el caso se estancó entre escándalos de obstrucción institucional.
No fue sino hasta 2022, con la creación de un nuevo grupo de trabajo conjunto, que las autoridades cruzaron la información y tardaron solo seis semanas en arrestar al asesino. Aunque la herida social y familiar tardará años en sanar, la condena definitiva a Rex Heuermann sepulta la impunidad de uno de los capítulos más oscuros de la crónica negra estadounidense.

