miércoles, mayo 20, 2026
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Meta ejecuta una nueva ola de despidos globales para financiar su obsesión por la IA

La transformación impulsada por la inteligencia artificial no solo está cambiando los productos tecnológicos, sino también el destino de miles de profesionales que los crean. Meta Platforms Inc., la casa matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp, ha comenzado a notificar una nueva y masiva ronda de recortes de personal a nivel mundial. Esta medida forma parte de una agresiva reestructuración interna que busca mitigar los exorbitantes costos de su infraestructura de IA a expensas de la fuerza laboral humana.

El proceso de notificación arrancó de manera fría el miércoles por la mañana en Asia, donde los empleados de bases operativas como Singapur recibieron los avisos de desvinculación a las 4:00 a.m. Horas más tarde, la ola expansiva llegó a las oficinas de Estados Unidos. En un intento por evitar escenas de tensión en las instalaciones, la compañía instó a su plantilla a trabajar desde casa mientras se oficializaba la salida de aproximadamente 8.000 trabajadores.

Ingeniería y producto: Las áreas más golpeadas

A diferencia de los primeros recortes de la era de la «eficiencia», enfocados en sectores administrativos, esta nueva purga afecta directamente al núcleo técnico de la empresa: los equipos de ingeniería y desarrollo de producto. Fuentes internas, bajo condición de anonimato, advirtieron que la sangría laboral podría no terminar aquí, pues no se descartan despidos adicionales antes de que finalice el año.

Por otro lado, la directiva informó que unos 7.000 trabajadores lograron salvarse del despido inmediato al ser reasignados a departamentos de nueva creación, enfocados exclusivamente en el diseño de agentes y productos basados en IA. Antes de estos movimientos, la firma contaba con una nómina cercana a los 80.000 empleados.

Desde la cúpula corporativa, la narrativa oficial defiende el recorte como una evolución necesaria. Janelle Gale, Directora de Recursos Humanos de Meta, argumentó en un comunicado interno que el objetivo es consolidar una estructura

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Zuckerberg y la carrera armamentística de la IA

Para el director ejecutivo, Mark Zuckerberg, quedarse atrás en la carrera tecnológica frente a rivales de la talla de OpenAI o Google no es una opción. Su estrategia actual consiste en volcar todos los recursos disponibles en la automatización. Esto incluye presionar a sus ingenieros para que utilicen agentes de IA en la programación y monitorear los dispositivos de los empleados con el fin de mejorar los algoritmos. Incluso, se sabe que Zuckerberg ha estado programando su propio asistente virtual para delegar tareas directivas, como la recolección de opiniones del personal.

Sin embargo, esta transición forzada está erosionando el clima laboral. Más de mil empleados firmaron una petición formal exigiendo detener la recolección masiva de datos en sus equipos de trabajo, la cual registra detalles tan específicos como el movimiento del ratón, las pulsaciones del teclado y el contenido de las pantallas para entrenar los modelos de la firma.

Expertos académicos ven con recelo este enfoque de tierra quemada. Jan-Emmanuel De Neve, profesor de economía de la Universidad de Oxford, advirtió que Meta corre el riesgo de perder atractivo como empleador al demostrar que prescinde del factor humano a la primera oportunidad:

«Si bien esto podría generar ahorros a corto plazo, pone en riesgo el potencial de crecimiento a largo plazo al perjudicar el bienestar y el compromiso de los empleados».

Dudas en Wall Street: ¿Valen la pena los despidos?

La drástica reducción de puestos de trabajo tampoco parece convencer del todo a los inversores y analistas financieros. Cálculos de la firma Evercore estiman que el despido de estos 8.000 empleados le ahorrará a Meta cerca de 3.000 millones de dólares.

Si bien la cifra suena alta, se queda extremadamente corta frente a la monumental billetera que Zuckerberg ha dispuesto para este año. Los gastos de capital de Meta podrían dispararse hasta los 145.000 millones de dólares en 2026, con proyecciones de cientos de miles de millones más destinados a centros de datos y supercomputadores antes de que termine la década. Para Wall Street, sacrificar el talento humano para financiar una fracción mínima de una tecnología que aún no demuestra un retorno de inversión claro es, cuanto menos, una apuesta de altísimo riesgo.

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