Las recientes elecciones presidenciales del 31 de mayo dejaron un panorama político profundamente polarizado en Colombia. Con más de 23.9 millones de ciudadanos acudiendo a las urnas, la carrera por la Casa Nariño se definirá entre Abelardo de la Espriella (Firmes por la Patria), quien lideró el preconteo con 10.361.499 votos, e Iván Cepeda (línea de gobierno), que le sigue de cerca con 9.688.361 sufragios.
Sin embargo, más allá de las cifras globales, el verdadero análisis radica en las regiones. Días antes de los comicios, la Defensoría del Pueblo lanzó una dura advertencia: el 71 % de los municipios del país presentaba riesgo por presencia criminal, y en 13 departamentos existían alertas de coacción al votante.
¿Cómo se comportó el mapa electoral de Colombia en las zonas rojas? El cruce de datos entre el control territorial de los grupos ilegales y los resultados en las urnas revela sorpresas y dinámicas complejas.
El centroderecha se impone en zonas de guerra y carnetización
A pesar de que el discurso de Abelardo de la Espriella y su fórmula, Juan Manuel Restrepo, se centra en la «mano dura» y el rechazo tajante a la ‘Paz Total’, su propuesta fue la más votada en varios de los territorios más golpeados por la violencia reciente.
Sorpresa en el Guaviare
En este departamento, las disidencias de alias Calarcá e Iván Mordisco mantienen un control social férreo, obligando a los campesinos a portar un carné comunal para transitar y cobrar extorsiones. Pese a este entorno de intimidación, la campaña de Firmes por la Patria se impuso con 16.060 votos frente a los 12.677 de Iván Cepeda.
El panorama en Antioquia y el Catatumbo
En Antioquia, región que ha sufrido el azote del Clan del Golfo, el ELN y las disidencias, la centroderecha duplicó a la izquierda (1.723.406 votos frente a 805.652). En Yarumal y Briceño, municipios fuertemente afectados por el asesinato de líderes y periodistas locales, el voto castigo contra la línea oficialista fue contundente.
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Esta tendencia a favor de De la Espriella también se consolidó en otras regiones fronterizas y críticas como:
Norte de Santander (incluida la convulsa región del Catatumbo).
Arauca y Casanare.
Caquetá y Meta.
La periferia y el Pacífico respaldan la continuidad del Gobierno
En la otra orilla, la fórmula de Iván Cepeda y Aida Quilcué basó su fortaleza en la periferia colombiana, las zonas costeras y los territorios históricamente abandonados, logrando acortar la distancia nacional a solo 673.138 votos.
El suroccidente: el fortín de la izquierda
En departamentos como Cauca, Nariño, Chocó y Valle del Cauca, donde la Fundación Paz y Reconciliación (Pares) reporta la presencia de múltiples organizaciones como los Comuneros del Sur, la CNEB y el ELN, el respaldo a Cepeda fue abrumador. En total, el suroccidente le aportó más de 2.1 millones de votos a la campaña oficialista.
Nota de alerta: Horas antes de la votación, se difundieron audios en Nariño donde comandantes de grupos armados exigían el certificado electoral a los habitantes para permitirles la movilidad en sus propios territorios.
El comportamiento del Caribe
Cepeda también ganó en toda la Costa Atlántica, incluyendo el departamento del Magdalena y La Guajira, zonas de disputa entre las Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada y el Clan del Golfo. Un dato llamativo ocurrió en el Atlántico y su capital, Barranquilla (afectada por bandas locales de extorsión), donde Cepeda derrotó a De la Espriella en su propia región natal.
¿Coacción armada o voto a conciencia?
Analistas independientes advierten que sería irresponsable y simplista atribuir los millones de votos de uno u otro candidato exclusivamente a la presión de los fusiles. El mapa electoral refleja realidades diversas: por un lado, comunidades que votaron por un cambio de estrategia ante el fracaso de las políticas de seguridad locales; por el otro, poblaciones que ven en la salida negociada su única opción de supervivencia.
Lo que sí es innegable es que el próximo presidente de Colombia gobernará un país dividido geográficamente, donde las estructuras criminales siguen dictando, en gran medida, las reglas de la vida cotidiana de las comunidades.

