Lo que comenzó como una angustiosa búsqueda de cinco días terminó de la peor manera para una familia y para el sector educativo en Bogotá. Las autoridades de la capital confirmaron en las últimas horas que el cuerpo sin vida hallado el pasado viernes en inmediaciones de una ciclorruta de la localidad de Kennedy corresponde al de Kevin Santiago Ángel Garzón, un querido profesor de 31 años que se encontraba desaparecido desde el pasado miércoles 20 de mayo.
El docente, recordado por su carisma y dedicación con sus estudiantes, también trabajaba en sus tiempos libres como conductor de vehículos por aplicación móvil. Su rastro se perdió por completo en el barrio Gran Colombiano tras dirigirse, como lo hacía de costumbre, hacia el gimnasio que frecuentaba en el suroccidente de la ciudad.
Pese a que el cadáver fue localizado por una ciudadana el viernes en una zona boscosa del sector de El Tintal —a unos seis kilómetros del último punto donde se le vio con vida—, las difíciles condiciones en las que fue encontrado obligaron a que Medicina Legal realizara rigurosas labores forenses, logrando ratificar su identidad apenas este lunes.
Las macabras pistas del crimen
La escena con la que se encontraron los peritos judiciales en El Tintal encendió de inmediato las alarmas de la Policía Metropolitana de Bogotá y de la Fiscalía General de la Nación. Según fuentes cercanas a la investigación, los criminales no solo abandonaron el cuerpo del docente en un área desolada junto a una ciclorruta, sino que lo incineraron en un aparente intento por borrar cualquier rastro biológico y retrasar su identificación.
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La principal línea investigativa busca establecer si el homicidio está relacionado con su actividad económica secundaria como conductor de plataforma, una labor que en reiteradas ocasiones ha puesto en el blanco de bandas delincuenciales de la localidad a decenas de trabajadores independientes mediante la modalidad de falsos servicios para robarles los vehículos.
Durante las largas jornadas de incertidumbre, su madre se aferraba a la fe con un conmovedor mensaje público:
«Hijo, por favor, aquí te espero con los brazos abiertos. Yo sé y decreto que mi hijo está vivo y va a regresar. Él tiene muchas personas que lo quieren, muchas personas que lo esperan. Por favor, vuelve a mí». Hoy, ese clamor se transformó en una exigencia colectiva de justicia.
Exigen justicia desde el Distrito y el sector educativo
El atroz crimen provocó el rechazo inmediato del alcalde mayor de Bogotá, Carlos Fernando Galán, quien a través de sus redes sociales manifestó su solidaridad con los familiares y amigos de la víctima. «Desde el 20 de mayo, cuando fue reportado como desaparecido, las autoridades buscaron al profesor sin descanso. Las circunstancias exactas de su muerte están bajo investigación; la Fiscalía ya tiene avances determinantes que permitirán dar con los responsables», aseguró el mandatario local.
Por su parte, la secretaria de Educación, Julia Rubiano, lamentó profundamente el impacto de esta pérdida en la comunidad pedagógica de la capital: «Expresamos nuestro sentimiento de solidaridad a sus familiares, amigos y a toda la comunidad educativa. Es una muy triste noticia que impacta a todo el sector educación en Bogotá».
Mientras las aulas donde dictaba clase se llenan de mensajes de condolencias, sabuesos de la SIJIN revisan las cámaras de seguridad del barrio Gran Colombiano y El Tintal, además del registro de las últimas rutas solicitadas a través de su celular, para judicializar a la estructura criminal detrás de este repudiable homicidio.

