martes, junio 9, 2026
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Fuertes abucheos a Donald Trump en Nueva York durante las Finales de la NBA

La histórica clasificación de los New York Knicks a las Finales de la NBA la primera desde 1999 prometía ser una fiesta absoluta para la Gran Manzana. Sin embargo, el tercer partido de la serie frente a los San Antonio Spurs sumó un ingrediente político de alta tensión. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, asistió al encuentro disputado en el Madison Square Garden, convirtiéndose en el primer mandatario en funciones en presenciar unas finales de la liga, aunque su recepción estuvo lejos de ser unánime.

El ambiente se encendió cuando la pantalla gigante del estadio enfocó al mandatario saludando mientras sonaban los acordes del himno nacional. En ese instante, una mezcla ensordecedora de abucheos y silbidos retumbó en las graderías del mítico recinto neoyorquino, evidenciando la compleja relación que el líder republicano mantiene con su ciudad natal, de fuerte arraigo demócrata.

Al ser consultado por los periodistas tras el encuentro, Trump restó importancia a los reproches del público: «Creo que fueron mayoritariamente vítores. Hubo mucho ruido y mucho entusiasmo», aseguró. El presidente acudió acompañado por su nieta, Kai Trump, el propietario de los Knicks, James Dolan, y varios miembros clave de su gabinete, como los secretarios Sean Duffy (Transporte) y Doug Burgum (Interior).

Caos de movilidad y pérdidas comerciales en Manhattan

Más allá de la reacción política dentro del estadio, la indignación de miles de ciudadanos comenzó horas antes a las afueras del pabellón. Las estrictas medidas de seguridad implementadas por el Servicio Secreto y el Departamento de Policía de Nueva York paralizaron por completo el corazón de Manhattan.

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La llegada del mandatario en el helicóptero Marine One y su posterior traslado en caravana obligaron al cierre total del tráfico vehicular y peatonal en las manzanas circundantes. Los aficionados, obligados a superar controles biométricos y arcos de seguridad similares a los de un aeropuerto, tuvieron que soportar filas kilométricas que se extendían por más de dos calles bajo una fuerte congestión.

Este despliegue no solo afectó a los asistentes con entrada, sino también a la economía local. Los bares y restaurantes de la zona, que esperaban hacer la «agosto» con la retransmisión del partido, reportaron locales vacíos debido a las vallas metálicas que impidieron el libre tránsito de peatones. Incluso la tradicional pantalla pública que se iba a instalar a las afueras del Madison Square Garden tuvo que ser cancelada, obligando a miles de personas a desplazarse masivamente hacia el Bryant Park para seguir el juego en comunidad.

La fiesta de los Knicks se trasladó a las calles

A pesar de los obstáculos logísticos que algunos ciudadanos calificaron como «irritantes», la pasión por el equipo naranja y azul no se apagó. Los alrededores de Bryant Park se convirtieron en un hervidero de fanáticos que celebraban cada canasta. La desesperación por no perderse un solo segundo del partido llevó a algunos jóvenes a trepar andamios de edificios o a aglomerarse alrededor de ordenadores portátiles en plena vía pública.

La noche, sin embargo, no pudo ser redonda para la afición local. En la pista, los New York Knicks cayeron en un ajustado 111-115 ante los San Antonio Spurs, un resultado que reduce la ventaja de los neoyorquinos en la serie a un apretado 2-1. Mientras celebridades de la talla de Timothée Chalamet, Ben Stiller, Tina Fey y el propio alcalde de la ciudad, Zohran Mamdani, sufrían la derrota en las primeras filas, Nueva York procesaba una de las jornadas más caóticas, políticas y apasionantes de su historia deportiva reciente.

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