En una jornada marcada por la participación ciudadana, la Comisión Segunda de Gobierno del Concejo de Bogotá decidió priorizar la voz de las organizaciones comunitarias sobre el trámite legislativo. El resultado: el archivo definitivo de una iniciativa que buscaba modificar los consejos tutelares y el aplazamiento de un debate clave para el futuro educativo de la ciudad.
Esta decisión pone de relieve que, en temas de infancia y educación, el consenso con los actores directos no es una opción, sino un requisito para que los proyectos lleguen a buen puerto.
El fin del Proyecto 406: ¿Por qué se archivó el fortalecimiento de consejos tutelares?
Lo que inició como una propuesta para fortalecer los lineamientos de los consejos tutelares de derechos de niños y niñas (Proyecto de Acuerdo 406 de 2025), terminó chocando con la realidad de las comunidades.
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Aunque la intención era actualizar el Acuerdo 110 de 2003, los representantes de los consejeros tutelares manifestaron un rechazo categórico. ¿Sus razones?
Cambio de identidad: Se oponían a la modificación del nombre de su organización cívico-comunitaria.
Derogatorias riesgosas: Existía desacuerdo frente a la eliminación de apartados vigentes que consideran fundamentales para su labor.
Ante la presión social, incluso el ponente Jesús David Araque Mejía y el autor Rolando González respaldaron la votación negativa, llevando al archivo inmediato de la iniciativa.
Educación en Bogotá: A la espera de un texto concertado
Por otro lado, el Proyecto de Acuerdo 851 de 2025, que busca el mejoramiento de la educación en la capital, también quedó en «pausa». Su autor, el concejal Araque, solicitó retirar el debate del orden del día al reconocer que aún no existe un texto conciliado con la Administración Distrital.
Según el cabildante, las partes están «a punto de conciliar», pero prefieren esperar para presentar un articulado robusto que cuente con el respaldo técnico y político necesario.
La lección: Construir desde el territorio
La sesión de hoy deja una conclusión clara para el cabildo distrital: los proyectos que afectan directamente la organización comunitaria y los derechos de la infancia no pueden tramitarse desde el escritorio. El archivo de una iniciativa y el freno de la otra demuestran que el Concejo de Bogotá está operando bajo una vigilancia ciudadana activa que exige ser parte de la solución desde el primer borrador.

