El próximo 7 de agosto marcará un punto de quiebre radical en la política exterior de Colombia. El presidente electo, Abelardo De La Espriella, ha confirmado que su primera gran acción de gobierno será recomponer los lazos diplomáticos con Israel, fracturados en 2024 bajo la administración de Gustavo Petro. Sin embargo, los planes de la nueva administración van mucho más allá de una simple normalización: Colombia trasladará su sede diplomática oficial a Jerusalén.
Con este histórico viraje, el país se sumará a un selecto y reducido grupo de naciones entre ellas Estados Unidos, Paraguay, Guatemala y Honduras que han desafiado el consenso de la comunidad internacional, la cual mantiene la gran mayoría de sus delegaciones en Tel Aviv debido a la disputa histórica sobre el estatus de la ciudad sagrada.
Un giro de 180 grados en la geopolítica regional
Especialistas e internacionalistas coinciden en que se trata de uno de los movimientos diplomáticos más abruptos en la historia reciente del país. Mientras que el gobierno saliente de Petro mantuvo una postura de confrontación abierta con Tel Aviv, el gobierno entrante de De La Espriella apuesta por un alineamiento absoluto.
De hecho, la sintonía entre el nuevo mandatario y el Estado judío se selló desde la misma noche de su triunfo electoral, cuando el propio presidente israelí, Isaac Herzog, se comunicó telefónicamente para felicitarlo.
Además del histórico traslado de la embajada de Colombia en Jerusalén, el nuevo Ejecutivo anunció un paquete de medidas inmediatas:
Eliminación de visados: Se retirará el requisito de visa para los ciudadanos israelíes que deseen ingresar al territorio colombiano.
Retiro de la CIJ: Colombia cancelará formalmente su intervención en el caso promovido por Sudáfrica contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia.
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Seguridad nacional y TLC: El trasfondo del acuerdo
Detrás del enorme peso simbólico y religioso que rodea a Jerusalén sagrada para judíos, cristianos y musulmanes, la decisión responde a un cálculo estratégico de seguridad y comercio.
Durante más de cinco décadas, Israel ha sido un aliado militar crítico para Colombia. La ruptura unilateral de las relaciones dejó en el aire el mantenimiento de los aviones de superioridad aérea Kfir y afectó la producción local de los fusiles Galil por parte de Indumil, armamento con el que se dota a más del 60 % de las fuerzas legítimas del Estado. Reactivar los canales permitirá recuperar transferencia de conocimiento en ciberseguridad, tecnología antidrones, inteligencia y desarrollo agrícola, además de revivir los beneficios del Tratado de Libre Comercio (TLC).
Me alegra haberme reunido en Washington con el futuro Ministro de Relaciones Exteriores de Colombia, @omarbula.
Juntos trazamos una hoja de ruta para el restablecimiento pleno e inmediato de las relaciones diplomáticas y económicas entre nuestros países, a penas asuma el… pic.twitter.com/VXwapCdfrq
— Gideon Sa’ar | גדעון סער (@gidonsaar) July 15, 2026
Tormenta de reacciones: De la indignación de Petro al rechazo de Hamás
Como era de esperarse, el anuncio provocó un fuerte sismo político a nivel local e internacional. El presidente saliente, Gustavo Petro, arremetió contra la medida calificándola como una «grosería máxima a todos los pueblos islámicos del mundo».
A nivel global, la Organización de Cooperación Islámica (OCI), que reúne a 57 países de mayoría musulmana, emitió un enérgico rechazo advirtiendo que la decisión perjudicará las relaciones mutuas y urgió al nuevo gobierno a respetar las resoluciones de la ONU basadas en la solución de dos Estados. En una línea similar, el grupo terrorista Hamás difundió un comunicado donde tachó el traslado como una «peligrosa decisión» y un retroceso en los derechos del pueblo palestino.
Pese a las críticas, la hoja de ruta del gobierno de De La Espriella se mantiene inalterable. La nueva administración insiste en que el objetivo prioritario es recuperar la confianza de sus socios históricos y devolverle al país su estatus de aliado estratégico en el escenario internacional.


