La espera más agónica del fútbol inglés ha llegado a su fin. Veintidós años de decepciones, críticas despiadadas, burlas rivales y dolorosos subcampeonatos se evaporaron en un solo segundo. El Arsenal es, de manera oficial, el nuevo campeón de la Premier League, desatando la locura contenida de una afición que llevaba más de dos décadas atrapada en la nostalgia de los míticos ‘Invencibles’ de 2004.
El destino quiso que el alirón se cantara a la distancia. El empate 1-1 del Manchester City en su visita al Bournemouth selló matemáticamente el título para los dirigidos por Mikel Arteta. Con la gloria en el bolsillo, los Gunners cerrarán el calendario liguero este domingo frente al Crystal Palace, un compromiso de mero trámite que servirá únicamente como antesala para que el capitán levante el trofeo de la Premier en Selhurst Park.
«¡Champions again!»: La redención ante el fantasma del segundo lugar
Mientras el primer equipo cumplía con sus deberes venciendo al Burnley, las gradas del Emirates Stadium retumbaban con un cántico cargado de desahogo: «¡Champions again, Champions again!» (Campeones otra vez). Para cualquier espectador casual de la liga inglesa, la frase podía sonar confusa, considerando el largo ayuno del club. Sin embargo, el coro fue la respuesta perfecta a la cruel burla que las aficiones rivales les dedicaron durante años en los estadios británicos, donde les cantaban «¡Second again!» (Segundos otra vez) tras verlos tropezar en la orilla frente al poderío financiero del City o el Liverpool.
Este Arsenal campeón de la Premier League es el triunfo de la resiliencia pura. Atrás quedó la alargada sombra de Arsene Wenger, quien pasó sus últimos 16 años en el club sin volver a oler el trofeo liguero, y el amargo y breve interinato de Unai Emery. El éxito actual le da una dimensión colosal al proyecto de Mikel Arteta, respaldando con un título de máximo nivel casi siete años de reconstrucción, paciencia institucional e inversiones inteligentes.
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El laboratorio de Arteta: ¿Estrategia aburrida o pragmatismo puro?
El camino hacia la corona no ha estado exento de debates tácticos. Este Arsenal dista mucho de aquella sinfonía de pases cortos, dinamismo y lirismo estético de la era de Thierry Henry, Dennis Bergkamp y Robert Pirés. La versión campeona de Arteta es pragmática, analítica y letal a la hora de castigar las debilidades del oponente.
El gran secreto a voces del equipo ha sido la pizarra del balón parado. Con un registro impresionante de 18 goles anotados por la vía del córner esta temporada, el estratega de pelotas quietas, Nicolás Jover, se ha convertido en una celebridad de tal magnitud que ya cuenta con su propio mural en las inmediaciones del estadio. Aunque los puristas del fútbol se quejen de que en el norte de Londres se celebran los tiros de esquina como si fuesen penaltis, la efectividad ha aplastado cualquier crítica de quienes tildan el torneo de «aburrido».
La victoria del colectivo sobre las individualidades
Si algo caracteriza a este plantel es la ausencia de un ego destructor o una súper estrella que eclipse al resto. La columna vertebral se sostiene desde el fondo. El tridente defensivo compuesto por Gabriel Magalhaes, William Saliba y el guardameta David Raya ha blindado el arco, logrando el hito de ser el equipo menos goleado de Inglaterra por tres temporadas consecutivas. Raya, además, se adjudicó su tercer Guante de Oro en fila, ratificando su estatus en la élite.
En la medular, el equilibrio lo imponen Declan Rice y Martín Zubimendi, dándoles total libertad de creación a Eberechi Eze y al cerebro del equipo, Martin Odegaard. Por las bandas, la electricidad corre por cuenta de Bukayo Saka y Gabriel Martinelli, acompañados por un Leandro Trossard convertido en héroe de culto tras su gol clave al West Ham. En punta, la cuota goleadora estuvo bien respaldada por el gran fichaje Viktor Gyökeres y la polivalencia de Kai Havertz.
El objetivo doméstico está cumplido y la fiesta en Highbury está encendida. Sin embargo, el Arsenal no tiene tiempo para relajarse: la próxima semana buscarán el doblete perfecto y la primera Orejona de su historia en la gran final de la Champions League en Budapest ante el PSG. El cañón volvió a disparar.

