El más reciente informe de Pulso Regional del Banco de la República ha encendido las alarmas en el oriente colombiano. Al cierre del primer trimestre de 2026, los Llanos Orientales se consolidaron como la única zona del país en reportar una variación negativa, contrastando con el crecimiento moderado que mostraron Bogotá, Antioquia y el Caribe.
Según el Emisor, el panorama para el Llano es complejo: el desplome del sector agropecuario, sumado a la parálisis en la venta de vivienda y una industria estancada, ha condicionado un desempeño que no logra levantar cabeza desde finales del año pasado.
Una tendencia que no da tregua
La economía llanera arrastra una racha negativa desde septiembre de 2025. Aunque diciembre ofreció un breve respiro con datos positivos, el inicio de 2026 ha sido implacable. Los meses de noviembre (2025) y febrero (2026) marcaron los puntos más bajos con una caída de -0,09, evidenciando una recesión regional que preocupa a gremios y productores.
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Mientras el resto de Colombia encontró un salvavidas en el comercio y la demanda de vehículos (especialmente eléctricos en la capital), en el Llano la incertidumbre y la cautela de los hogares han frenado el gasto, profundizando la crisis.
El agro: El talón de Aquiles
El informe destaca que, si bien el sector comercial impulsó a regiones como Antioquia (0,17) y el Nororiente (0,16), la baja producción agropecuaria fue el lastre definitivo para los departamentos llaneros. A diferencia de la zona cafetera o el Caribe, donde el invierno afectó el ritmo de expansión, en los Llanos el impacto fue estructural, golpeando el corazón de su despensa productiva.
Con mediciones que oscilan entre -1 y 1, el registro negativo del Llano lo sitúa en un escenario de urgencia, donde la estabilidad (marcada por el 0) parece aún lejana frente al dinamismo que ya recuperan otras zonas del país.


