La Selección Colombia se prepara para una fecha FIFA de marzo que, más allá del nivel de sus rivales, representa un desafío logístico sin precedentes. El equipo dirigido por Néstor Lorenzo deberá enfrentar a dos potencias mundiales como Croacia y Francia con un margen de recuperación mínimo, una condición poco común que limita cualquier posibilidad de trabajo táctico profundo. Mientras otros combinados sudamericanos gozan de calendarios más holgados, la «Tricolor» se verá obligada a jugar en un intervalo de jueves y domingo, exigiendo al máximo la condición física de sus referentes.
De acuerdo con el análisis del periodista Carlos Antonio Vélez, esta disparidad en el calendario responde directamente a la jerarquía en el fútbol internacional. En las negociaciones de la ventana FIFA, potencias como Brasil, Francia y Croacia imponen las condiciones horarias y de traslado, dejando a Colombia en una posición de subordinación logística. Esta situación obliga al cuerpo técnico a ver la rotación de la nómina no como una alternativa táctica, sino como una necesidad biológica para evitar lesiones en figuras clave que compiten en la élite europea.
Desde una perspectiva analítica, estos partidos deben entenderse como el «ensayo del error». A menos de dos meses de la puesta en escena oficial en la Copa América, es preferible que las falencias y las inconsistencias tácticas emerjan ahora. Los enfrentamientos contra los subcampeones mundiales de 2018 (Croacia) y 2022 (Francia) son el termómetro ideal para detectar fallas en la transición defensiva y la efectividad bajo presión, detalles que bajo un calendario tan apretado pondrán a prueba la capacidad de respuesta inmediata del banquillo colombiano.
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Finalmente, el debate queda servido: ¿qué debe priorizar Lorenzo? El resultado ante potencias mundiales para mantener el invicto o la exhibición de nuevas variantes que puedan ser útiles en la competencia oficial. Lo cierto es que Colombia no solo jugará contra Luka Modrić o Kylian Mbappé; jugará contra un reloj que no perdona y una estructura administrativa global que, por ahora, le sigue pasando factura a los equipos que aún luchan por un lugar en la mesa de los grandes.


