Bogotá enfrenta el reto de consolidarse como una ciudad que funcione las 24 horas, acorde a su tamaño poblacional y a su aspiración de ser un referente en economías culturales, nocturnas y de eventos. Aunque persisten obstáculos como la inseguridad y la falta de transporte público continuo, el reciente anuncio de la Alcaldía Distrital que permite la rumba hasta las 5:00 de la mañana representa un experimento que avanza en la dirección correcta.
La medida fue bien recibida por el gremio nocturno. De acuerdo con la Asociación de Bares y Restaurantes de Colombia, el sector atravesó un 2025 difícil, con una caída del 23 % en la actividad y una reducción del 30 % en los ingresos. A esto se sumaron el aumento de impuestos, los costos laborales y la inflación, lo que dejó a muchos empresarios al borde del cierre. Las dos horas adicionales no suponen grandes ajustes operativos, pero sí la posibilidad de mayores ingresos, y los primeros resultados han sido positivos.
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No obstante, la decisión también ha generado inquietud entre los residentes de las zonas intervenidas, quienes temen un incremento del ruido y la inseguridad, especialmente ante el histórico incumplimiento de normas. Desde el Distrito se ha asegurado que la medida permitirá identificar y sancionar a los establecimientos que no cumplan, aunque la efectividad dependerá de la presencia real de las autoridades y del control constante.
Pese a las advertencias, resulta alentador que Bogotá continúe apostándole a su vida nocturna como motor de la economía y el turismo. Convertirse en una ciudad de servicios permanentes puede fortalecer su competitividad, siempre que el desarrollo nocturno no se traduzca en la afectación del descanso y la calidad de vida de los ciudadanos.

