El Banco de la República ha decidido adoptar un enfoque cauteloso en su política monetaria, manteniendo su tasa de intervención en un 9,25 % durante su última reunión. Esta decisión, que generó opiniones divididas entre los miembros de la junta directiva, refleja la difícil balanza entre estimular la economía y controlar las crecientes presiones inflacionarias y fiscales.
Un informe reciente de BNP Paribas señala que los recortes en las tasas de interés serán esporádicos y limitados durante el resto de 2025. Aunque podríamos ver algunas reducciones moderadas en el tercer trimestre, el cuarto trimestre probablemente traerá una pausa, coincidiendo con las negociaciones del salario mínimo para 2026, un proceso que suele afectar las expectativas inflacionarias.
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El análisis resalta que el deterioro fiscal del país, evidenciado por un aumento en la deuda y el uso de mecanismos como la cláusula de escape, limita las opciones del Banco Central. Además, factores como la posibilidad de una devaluación del peso, incrementos en precios regulados y un eventual aumento del salario mínimo que supere la productividad, intensifican las presiones inflacionarias.
A esto se suma la pérdida del grado de inversión por parte de dos agencias calificadoras, lo que podría llevar a la salida de hasta US$5.000 millones de inversionistas institucionales, generando volatilidad en el mercado local.
A esto se suma la pérdida del grado de inversión por parte de dos agencias calificadoras, lo que podría llevar a la salida de hasta US$5.000 millones de inversionistas institucionales, generando volatilidad en el mercado local.