A dos años de la implementación de una de las políticas educativas más ambiciosas de Europa, los resultados en los Países Bajos son contundentes: la prohibición de teléfonos inteligentes, relojes y tabletas en las aulas ha transformado el clima escolar. Lo que comenzó como un acuerdo nacional entre el Gobierno, padres y docentes, hoy muestra una mejora significativa en la concentración de los estudiantes y una reducción en los casos de ciberacoso. Bajo el pegadizo eslogan Telefoon t’huis of in de kluis («Teléfono en casa o en la taquilla»), el país ha logrado desterrar las distracciones digitales de pasillos, comedores y salones.
Los datos respaldan la percepción de los maestros en instituciones como el Cygnus Gymnasium de Ámsterdam. Un estudio gubernamental realizado en 317 escuelas secundarias reveló que el 75% de los planteles reporta una mayor atención de los alumnos durante las lecciones. Además, dos tercios de las instituciones aseguran que el clima social ha mejorado notablemente, permitiendo que los jóvenes interactúen más entre sí sin la presión de las redes sociales. Según la profesora Ida Peters, este entorno «más relajado» ha permitido que el rendimiento académico muestre signos de recuperación, al eliminar el temor de los estudiantes a ser grabados o fotografiados sin su consentimiento.
El éxito del modelo neerlandés radica en el consenso, evitando largas batallas legislativas al optar por un compromiso nacional voluntario pero riguroso. Esta estrategia ha liberado a los docentes de la fricción constante de vigilar dispositivos, permitiéndoles retomar el control pedagógico. Ahora, el gobierno busca elevar la apuesta impulsando restricciones en la Unión Europea para que el uso de redes sociales como Instagram, TikTok y Snapchat tenga un límite de edad mínimo de 15 o 16 años, buscando proteger la salud mental de los menores fuera del horario lectivo.
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Esta tendencia no es aislada; según la UNESCO, el 58% de los sistemas educativos del mundo ya han adoptado prohibiciones similares. Países como Bolivia, Costa Rica y Croacia se han sumado recientemente a esta ola que busca mitigar la influencia de los entornos digitales en el desarrollo infantil. Incluso estudiantes que inicialmente se mostraron escépticos, como Felix y Karel de 15 años, admiten hoy que, aunque pasan horas en redes en sus hogares, la ausencia del móvil en el colegio no ha representado un inconveniente, sino un alivio en su jornada diaria.


