El próximo 14 de marzo, la ciudad de Cúcuta será el epicentro de un encuentro binacional de alto nivel entre el presidente Gustavo Petro y la mandataria venezolana, Delcy Rodríguez. Esta reunión en la zona de frontera tiene como propósito fundamental consolidar una hoja de ruta en materia de seguridad, defensa y lucha contra el narcotráfico, en un esfuerzo por estabilizar los territorios compartidos que históricamente han sido vulnerables a la violencia.
La Cancillería colombiana confirmó que la visita oficial busca, además, aterrizar los acuerdos pactados en conversaciones telefónicas previas sobre la cooperación energética. Entre los puntos más ambiciosos de la agenda destaca la propuesta de una alianza estratégica entre Ecopetrol y Monómeros, con el fin de fortalecer la seguridad alimentaria y la producción de fertilizantes en la región. El presidente Petro ha sido enfático en que la recuperación económica de Venezuela es vital para evitar un «estallido de violencia» que afecte directamente a Colombia.
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Este encuentro cobra una relevancia geopolítica especial tras la reciente reunión de Petro con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la Casa Blanca. Durante dicho acercamiento, se planteó la necesidad de que Colombia actúe como un puente para la estabilidad regional, permitiendo que la inversión extranjera y la cooperación técnica fluyan hacia Venezuela bajo un marco de garantías democráticas y económicas.
Finalmente, el diálogo en Cúcuta abordará la reapertura plena de pasos fronterizos para el transporte de carga pesada y la normalización de servicios consulares. En Nación Colombia, analizamos que esta cumbre representa un giro táctico en la política exterior de Petro, quien busca posicionarse como el principal mediador en la crisis venezolana, vinculando los intereses de Bogotá, Caracas y Washington bajo un mismo objetivo: la estabilidad del hemisferio.

