El futuro del relleno sanitario Doña Juana, ubicado en la localidad de Usme, sigue siendo uno de los debates ambientales más críticos para la capital. Según un reciente informe de la Personería de Bogotá, este centro de disposición final es responsable del 2,02% de todas las emisiones de metano ($CH_4$) en Colombia. Este dato es alarmante, ya que el metano es un gas de efecto invernadero con un potencial de calentamiento global decenas de veces superior al del dióxido de carbono ($CO_2$), situando al relleno como un foco crítico en la crisis climática nacional.
La problemática no solo es global, sino profundamente local. La emisión de estos gases contribuye a la formación de ozono troposférico, un contaminante que deteriora severamente la calidad del aire en el sur de la ciudad. Recientemente, las autoridades declararon alerta preventiva en el sector de Mochuelo, en Ciudad Bolívar, debido a la concentración de partículas que afectan la salud respiratoria de miles de vecinos, quienes conviven diariamente con los impactos de un modelo de gestión de residuos que parece haber llegado a su límite.
A pesar de los esfuerzos del Distrito por implementar políticas de economía circular y reciclaje, la realidad operativa es abrumadora: Doña Juana recibe mensualmente unas 7.000 toneladas de residuos sólidos. Aunque se han pactado acuerdos con gremios de recicladores para mejorar el aprovechamiento de materiales, las cifras de reducción de carga aún no son suficientes para mitigar el impacto ambiental de un relleno que opera bajo la sombra de la saturación y las sanciones por manejo de lixiviados.
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El reto para el año 2026 es transformar el modelo de aseo urbano hacia tecnologías de punta que permitan la captura y aprovechamiento del biogás. Expertos sugieren que el metano producido en Doña Juana podría convertirse en una fuente de energía limpia si se invierte en plantas de tratamiento adecuadas.

