El Partido Laborista del Reino Unido ha entrado oficialmente en una fase de «guerra civil» tras la sorpresiva dimisión de su ministro de Sanidad, Wes Streeting. El anuncio, realizado este jueves, no es una simple renuncia administrativa; es un movimiento sísmico diseñado para forzar la salida del primer ministro, Keir Starmer, y abrir el camino a un relevo de liderazgo que parece inevitable tras los desastrosos resultados electorales del pasado 7 de mayo.
En una carta de una dureza inusual, Streeting acusó a Starmer de falta de visión y de ejercer una política de «mano dura» que asfixia el debate interno. «Donde necesitamos dirección, vacilamos», sentenció el ya exministro, dejando claro que su confianza en el actual líder se ha roto de forma definitiva.
El factor Andy Burnham y el regreso al Parlamento
Aunque Streeting es uno de los favoritos para suceder a Starmer, su movimiento parece haber activado también las fichas de otros pesos pesados. Andy Burnham, el carismático alcalde de Mánchester y favorito en los sondeos, ha encontrado una vía para regresar al Parlamento gracias a la dimisión estratégica de un diputado.
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Burnham ha pedido calma, sugiriendo que el movimiento laborista necesita unidad antes de lanzarse a unas primarias. Sin embargo, su sombra es alargada: un sondeo de LabourList indica que, en un enfrentamiento directo, Burnham derrotaría a Starmer con facilidad, algo que Streeting aún no tiene garantizado.
Angela Rayner entra en escena
La crisis se complica con el regreso de Angela Rayner. La ex vice primera ministra anunció haber resuelto sus problemas fiscales, despejando el camino para su retorno a la primera línea. Rayner ya ha sugerido públicamente que Starmer debe «reflexionar sobre si se va o no», sumándose al coro de voces que piden una batalla de ideas y no solo de personalidades.
Economía al alza, liderazgo a la baja
Paradójicamente, esta parálisis política llega en un momento de brillo económico para el Reino Unido. Este mismo jueves se conoció que el país creció un 0,6% en el primer trimestre, convirtiéndose en la economía del G7 que más rápido acelera.
No obstante, las cifras macroeconómicas no parecen ser suficientes para salvar a un Keir Starmer que ha prometido dar batalla si se activan las primarias, pero que cada vez se ve más aislado por un gabinete que ya afila los cuchillos para el proceso de sucesión.


