La crisis de seguridad en TransMilenio se ha profundizado en los últimos meses debido a la reducción del pie de fuerza policial asignado al sistema, situación que coincide con un aumento de hurtos, agresiones y hechos delictivos al interior de buses, estaciones y portales. De acuerdo con cifras oficiales y denuncias de concejales de Bogotá, la menor presencia de uniformados ha debilitado los controles y la capacidad de reacción frente a la delincuencia, afectando directamente a los usuarios.
Este panorama se agrava en un contexto marcado por embotellamientos, alta congestión y bloqueos recurrentes, factores que han deteriorado la confianza ciudadana en el sistema. Muchos pasajeros aseguran que, pese a pagar el pasaje, no tienen garantías de llegar a tiempo o con seguridad a sus destinos. A ello se suma el impacto de las ventas informales dentro de vagones y buses, que generan congestión adicional, obstruyen la movilidad y elevan la percepción de desorden en estaciones y articulados.
Otro de los problemas estructurales que enfrenta TransMilenio es la evasión del pago del pasaje, considerada uno de los principales factores que tensionan la sostenibilidad financiera del sistema. Aunque el Distrito ha reportado una reducción frente a los niveles históricos, expertos y autoridades coinciden en que el fenómeno sigue siendo multicausal, asociado a la calidad del servicio, la falta de control institucional y la percepción de legitimidad del sistema por parte de los usuarios.
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Concejales y analistas han insistido en que la solución requiere una estrategia integral que combine mayor presencia policial, mejoras operativas, control a la informalidad y campañas de cultura ciudadana. Sin estas acciones, advierten, TransMilenio continuará enfrentando un deterioro progresivo en seguridad, eficiencia y confianza, poniendo en riesgo su papel como eje del transporte público en Bogotá.

