Europa está levantando una nueva “cortina de hierro” en sus fronteras orientales. Países como Polonia, Lituania, Letonia y Finlandia han intensificado la construcción de muros, trincheras y sistemas de defensa tecnológica, en un esfuerzo por contener la presión migratoria y reforzar la seguridad frente a Rusia y Bielorrusia.
El proyecto incluye la instalación de drones de vigilancia, sensores de movimiento y barreras físicas que se extienden por cientos de kilómetros. Estas medidas, según los gobiernos involucrados, buscan prevenir posibles infiltraciones militares, contrarrestar la guerra híbrida y frenar el tráfico irregular de personas impulsado por Minsk como mecanismo de presión política.
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La iniciativa se desarrolla en un momento de máxima tensión geopolítica tras la invasión rusa a Ucrania. Para varios analistas, esta estrategia es un intento de crear un cinturón de seguridad en Europa del Este, aunque advierten que también podría generar una división política y social en el continente, evocando los tiempos de la Guerra Fría.
Mientras tanto, la Comisión Europea ha respaldado parcialmente la financiación de estas infraestructuras, al considerar que forman parte de la defensa del bloque. Sin embargo, organizaciones humanitarias han expresado preocupación por el impacto en migrantes y solicitantes de asilo, quienes quedarían atrapados en medio de esta nueva muralla.
La llamada “cortina de hierro del siglo XXI” marca un giro en la política de seguridad del continente y refleja la creciente percepción de amenaza que representa Rusia para la estabilidad europea.