Una tormenta institucional y económica se ha desatado en Colombia luego de que un riguroso estudio de la Universidad de Antioquia (UdeA) cuestionara la veracidad de los informes recientes sobre el mercado laboral en el país. Mientras el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) venía sacando pecho con cifras que mostraban un supuesto incremento en el empleo formal y los ingresos de los trabajadores, la academia arrojó un balde de agua fría: los datos reales sugieren que el empleo no creció, sino que descendió.
El cruce de versiones ha generado una profunda controversia por las cifras de empleo entre el DANE y la Universidad de Antioquia, poniendo bajo la lupa la rigurosidad de la entidad estadística del Estado y encendiendo las alarmas sobre la verdadera salud de la economía colombiana.
El hallazgo de la UdeA: 170.000 empleos «fantasma» y caída en los ingresos
El detonante de la crisis fue la publicación de una investigación del grupo de macroeconomía aplicada de la UdeA. Según los investigadores, el DANE habría cometido un «grave error» metodológico en sus boletines. El estudio técnico revela que el mercado laboral colombiano arrastra, en realidad, un alarmante déficit: habría 170.000 empleos formales menos de los que reporta la entidad oficial.
Pero el punto más crítico de la controversia toca directamente el bolsillo de los ciudadanos. Mientras los reportes del Gobierno insistían en que los ingresos de los hogares vinculados al empleo formal iban al alza, las métricas de la Universidad de Antioquia demuestran lo contrario. Los salarios reales e ingresos percibidos por los trabajadores han experimentado un descenso, asfixiados por la desaceleración económica y la pérdida de dinamismo en los sectores de la industria y la construcción. Para la academia, el panorama no es de optimismo ni de reactivación, sino de precarización laboral.
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La respuesta del DANE: «Nuestras cifras son públicas y verificables»
Ante la gravedad de las acusaciones, que rápidamente escalaron en los principales círculos económicos y políticos del país, el DANE emitió una respuesta pública para defender su reputación. La dirección de la entidad aseguró de forma tajante que los datos macroeconómicos presentados al país son «transparentes, públicos y completamente verificables» por cualquier firma o institución nacional o internacional.
El DANE argumentó que sus metodologías siguen los más estrictos estándares internacionales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y que las discrepancias con el informe de la UdeA podrían obedecer a diferencias en las fuentes de información utilizadas (como el cruce con la Planilla Integrada de Liquidación de Aportes, PILA) o a las muestras estadísticas seleccionadas. Sin embargo, la entidad no logró apaciguar el debate técnico, y diversos analistas exigen una mesa de conciliación para revisar las bases de datos.

Un golpe a la credibilidad del mercado laboral en Colombia
La discusión va mucho más allá de un simple pleito matemático entre estadísticos y profesores. Los datos del DANE son la brújula con la que el Banco de la República toma decisiones sobre las tasas de interés y el Gobierno Nacional diseña sus políticas públicas de subsidios y empleo.
Si la Universidad de Antioquia tiene razón, el país ha estado navegando a ciegas con un diagnóstico equivocado, creyendo que el empleo formal crecía cuando en realidad venía en franco retroceso. La incertidumbre queda sembrada en el empresariado y en los colombianos de a pie, quienes en su día a día sentían que la plata no alcanzaba, dándole la razón, de manera empírica, al preocupante informe de la academia antioqueña.

