La relación comercial entre Colombia y Ecuador ha entrado en una fase crítica tras la decisión del Gobierno colombiano de elevar del 30% al 50% los aranceles para las importaciones provenientes del país vecino. Esta medida, oficializada a través de un borrador de decreto del Ministerio de Comercio, surge como una represalia directa a la acción tomada por Quito la semana pasada, cuando impuso gravámenes similares bajo el argumento de presuntas fallas en el control fronterizo. La escalada pone en jaque un intercambio comercial que, según exministros, afecta operaciones valoradas en cerca de 3.000 millones de dólares.
El alcance de la restricción es significativamente mayor a lo previsto inicialmente. Mientras que la primera fase de la medida cobijaba a 73 subpartidas, el nuevo listado se ha extendido a más de 190 productos gravados. Entre las nuevas inclusiones destacan insumos industriales y minerales básicos como la sal y el azufre, elementos clave para diversas cadenas de producción nacional que ahora verán un incremento sustancial en sus costos de importación por vía terrestre.
El sector más golpeado por esta «guerra arancelaria» es el de los alimentos, lo que podría derivar en un aumento de precios para el consumidor final. Productos de la canasta básica como el arroz (en todas sus variedades), el azúcar de caña, el fríjol y el cacao en polvo ahora deberán tributar el 50% para ingresar al mercado colombiano. Además, el decreto establece restricciones específicas para el ingreso de pescado y camarones a través de los pasos fronterizos de Ipiales y Puerto Asís, estrangulando el flujo logístico en el sur del país.
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Ante este panorama, la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex) ha advertido que el comercio binacional se está volviendo «inviable». La imposición de estas barreras rompe con los acuerdos históricos de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y genera una incertidumbre que afecta a miles de empleos en ambos lados de la frontera. Nación Colombia consultó a expertos quienes señalan que, de no llegarse a un acuerdo diplomático pronto, el desabastecimiento de ciertos insumos agroindustriales podría empezar a notarse en el segundo trimestre de 2026.

