La Selección Colombia de Néstor Lorenzo sufrió un duro golpe de realidad en su primer examen del 2026, cayendo 2-1 ante Croacia en el Camping World Stadium de Orlando, Florida. A pesar de que el combinado nacional comenzó imponiendo condiciones y se fue en ventaja con una anotación de Jhon Arias, la jerarquía de los balcánicos semifinalistas en Qatar 2022— terminó por desdibujar el planteamiento cafetero. Los goles de Igor Matanovic y el joven Luka Vušković sentenciaron una remontada que deja serios interrogantes sobre el fondo físico y la capacidad de reacción del equipo antes del Mundial 2026.
Néstor Lorenzo apostó por la base titular que brilló en las eliminatorias, buscando consolidar el bloque principal de cara a la cita en Norteamérica. Sin embargo, tras el gol inicial de Arias, Colombia perdió el control del mediocampo y se vio superada por la presión alta de los europeos. El técnico argentino ya había advertido en rueda de prensa sobre los momentos físicos dispares de sus dirigidos, y esa falta de ritmo fue evidente ante una Croacia que no perdonó los errores en salida y la pasividad en el juego aéreo defensivo.
El encuentro en territorio estadounidense sirvió para evaluar el nivel individual de figuras clave que venían de un receso competitivo. Aunque hubo ráfagas de buen fútbol asociativo, la Tricolor nunca encontró soluciones ante el bloque defensivo croata en el segundo tiempo. Esta derrota corta una racha positiva y obliga a una revisión profunda de las variantes tácticas, especialmente considerando que el próximo desafío será ante la poderosa selección de Francia, otro rival de élite que medirá el verdadero aceite de la delegación colombiana.
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Con el Mundial 2026 a la vuelta de la esquina, este tropiezo en Orlando funciona como una alerta temprana. La dependencia de individualidades y la desconexión entre líneas tras recibir el empate son puntos que Lorenzo deberá trabajar con urgencia. Colombia regresa a los entrenamientos con la presión de mostrar una cara distinta en su siguiente amistoso, entendiendo que ante rivales de peso mundialista, cualquier parpadeo se traduce en una derrota que cala hondo en la confianza del grupo.


