Uruguay se ha consolidado como el epicentro de la movilidad eléctrica en América Latina, liderando una «revolución silenciosa» que lo sitúa a la vanguardia de la transición energética regional. Según datos de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (Olacde), el país charrúa alcanzó el mayor número de vehículos eléctricos livianos per cápita, registrando 5.382 unidades por cada millón de habitantes. Este fenómeno no solo es un hito estadístico, sino una realidad palpable en las avenidas de Montevideo, donde el paisaje urbano se transforma a un ritmo sin precedentes para el continente.
Durante el último año, el crecimiento ha sido calificado por los expertos como «explosivo». Uno de cada cinco vehículos cero kilómetros vendidos en Uruguay fue eléctrico, lo que representa un incremento exponencial del 147% en comparación con el año anterior. Esta cifra coloca al país por encima de Costa Rica, antiguo líder del sector, y muy lejos del promedio regional, donde las ventas de eléctricos representaron apenas el 6% del total. Con un mercado donde el 20% de la flota nueva es eléctrica, Uruguay ya iguala las tasas de adopción de varios países de la Unión Europea.
Expertos del observatorio Zemo señalan que, aunque potencias como Brasil, México y Colombia registran mayores volúmenes de venta debido a su tamaño poblacional, la penetración de mercado en Uruguay es la más alta. En enero de 2026, la proporción de ventas escaló al 30% del total de vehículos nuevos, consolidando a la nación de 3,5 millones de habitantes como la «estrella ascendente» de la movilidad sostenible. La clave del éxito uruguayo radica en una combinación de incentivos fiscales, infraestructura de carga robusta y una matriz energética mayoritariamente renovable.
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A pesar del éxito, el modelo enfrenta desafíos logísticos y de escala que otros países de la región observan con atención. Mientras que en el resto de América Latina la transición avanza de forma paulatina, el caso uruguayo sirve como laboratorio para entender los límites de la infraestructura de carga y la respuesta del consumidor a largo plazo.

